Entrevista con Francisco Mangado


Nacido en Navarra en 1957, Francisco Mangado es arquitecto por la Escuela Superior de Arquitectura de la Universidad de Navarra, donde desarrolla su labor como profesor desde 1982. Ha sido profesor invitado en la Universidad de Harvard y de Yale. Mangado es además profesor de Proyectos en el Máster de Diseño Arquitectónico en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra y profesor invitado en l’École Polytechnique Fédérale de Lausanne. En 2008 promovió la Fundación Arquitectura y Sociedad, que trabaja para favorecer la interacción de la arquitectura con otras disciplinas de la creación, el pensamiento y la economía. Paralelamente ejerce de arquitecto desde su estudio en Pamplona, habiendo recibido numerosos premios como el Premio de Arquitectura Andrea Palladio, el Thiene de Arquitectura, el Premio Architécti, el Premio de la CEOE y el FAD, entre otros.


…ahora, en el caso de los concursos, podríamos decir que se da ‘casi todo por nada’.

 

A continuación os dejamos con una entrevista sobre sus impresiones acerca del panorama actual que rodea a los concursos de arquitectura.


Como participante en concursos de arquitectura, ¿podría contarnos cómo han evolucionado desde que presentó su primera propuesta? ¿En qué estado cree que se encuentra el panorama actual?


Francisco Mangado. En general ha evolucionado hacia un sistema que implica una falta de respeto por el valor y el esfuerzo, por la cantidad de ilusiones arquitectónicas contenidas en las respuestas a los concursos. Si siempre se ha dicho que los arquitectos daban más por menos, ahora, en el caso de los concursos, podríamos decir que se da ‘casi todo por nada’.


En relación a su actividad como docente, ¿qué diferencias podría destacar del sistema de enseñanza hoy día con respecto a su etapa como estudiante?


FM. Esto es largo y complejo. Obviamente los sistemas y medios que hoy se tienen, especialmente referidos a la información, hacen que la enseñanza, antaño más personal entre profesor y alumno, se vea diluida en un sistema más amplio. La participación de los alumnos en coherencia con este sistema más abierto, también es mayor. Creo que esto no está mal, pues a fin de cuentas no impide ese contacto académico y docente bilateral y más cercano entre alumno y profesor, pero hace posible que no sea la única opción. No obstante, como todo, la moneda tiene su cara y cruz, y en ocasiones la renuncia a los sistemas de enseñanza más tradicionales, entre los que incluyo el contacto académico directo o el uso de las bibliotecas, o el viaje a visitar ‘in situ’ las obras, no puede quedar suplida por sistemas más generales pero también más superficiales. En realidad no hay una gran diferencia en este sentido entre la enseñanza de la arquitectura y la práctica, si bien vivimos momentos de gran abundancia en la información y posibilidades en la ejecución, nunca ha coexistido de manera tan intensa la investigación arquitectónica valiosa con una superficialidad especulativa tan banal.


En su artículo realizado para el diario El País ‘Concursos de arquitectos o chapuzas’, destacaba que el sistema abierto de concursos permite el acceso a aquellos equipos formados por jóvenes arquitectos que además aportan al sistema ideas frescas, aspectos que considera de gran valor. Si cada vez son más restrictivos los criterios para poder presentarse a un concurso, incluyendo años mínimos en el ejercicio profesional, una cantidad de obra construida importante… ¿de qué manera puede un joven arquitecto hacerse un hueco en el sistema si apenas puede presentarse a un número mínimo de concursos?


PM. Pues es difícil. Hace unos años, el sistema abierto de concursos en España era muy valorado en el resto de Europa por cuanto permitía que jóvenes y estupendos arquitectos pudieran aparecer sin problemas en el panorama de la arquitectura construida. Hoy, este sistema ha quedado muy excluido por varios motivos, no siempre justificados, haciendo que el papel de ‘promotor de arquitectura’ que tenía este sistema, esté desapareciendo con el consiguiente inconveniente para las más jóvenes generaciones. Es un error evitar estos concursos que debían de tener un papel muy importante en el sistema. Un sistema que, repito, ha bajado de manera extraordinaria en la calidad y en la consideración del trabajo del arquitecto, siendo los principales perjudicados los arquitectos más jóvenes.


El trabajo que desarrolla el arquitecto se infravalora tanto en su participación en concursos como en encargos privados, ¿cómo cree que se podría hacerse frente a dicha situación?


FM. No ocurría antes así. Un proyecto ganado en concurso, implicaba una autoridad que de alguna manera era útil en el proceso posterior de negociación. Actualmente, la infravaloración se demuestra en subastas económicas donde lo más importante es la baja que se hace. En fin, una ‘vergüenza’ en la que, una vez más, la peor parte se la lleva la gente joven. Por lo tanto, el trato es bastante similar, pero yo te diría que ahora es más insultante con las administraciones. El cambio ha sido increíble en los pocos años en los que rige esta ‘cosa’ de que a los arquitectos se les aplica las mismas leyes que a los constructores. No entienden que los arquitectos no somos unos simples suministradores de servicios, sino, sobre todo y fundamentalmente, garantía de calidad. Pienso, por ejemplo, que en Francia se pagan los proyectos y los concursos tres veces lo que se está pagando aquí. ¿Dónde se está indicando más que el trabajo del arquitecto es importante?

No entienden que los arquitectos no somos unos simples suministradores de servicios, sino, sobre todo y fundamentalmente, garantía de calidad.


A las exigentes condiciones de participación en concursos se unen el elevado número de propuestas presentadas, criterios de valoración subjetivos o la adjudicación a la mejor oferta económica, ¿dónde queda el trabajo del arquitecto? ¿Hacia dónde cree que evoluciona la profesión?


FM. Pues queda muy mal. Nos ‘chulean’ económicamente, pero además desprecian el trabajo, puesto que los jurados, cada vez más, son menos cualificados. En algunas ocasiones, estando de jurado, he tenido que pedir más respeto hacia nuestro trabajo, simplemente diciendo que el valor de los anteproyectos presentados superaba con creces el coste del edificio a construir. Bajas económicas como criterio decisorio (no debía ni siquiera existir este criterio), jurados sin cualificar, falta de información, concursos trucados… En fin. Esto no quiere decir que no haya concursos bien planteados, los hay, pero claramente cada vez menos. Son excepción y la crisis económica ha agudizado estas realidades.


Como miembro habitual en jurado de concursos ¿qué opinión tiene acerca de la escasa participación de arquitectos en los jurados de Concursos de Arquitectura?


FM. Pues que es inadmisible sin duda ¿qué voy a opinar? Te diré que yo sólo voy de jurado cuando he sido elegido por los concursantes, es algo que me impongo y, aún así, sufro mucho viendo la magnífica respuesta que en general damos, y las pocas y poco generosas posibilidades que el sistema ofrece. Hace poco estuve en un jurado para 80 viviendas con más de quinientas propuestas, ¡es descorazonador! y desde luego ‘insultante’, si además algún letrado dice que hay que tener en cuenta la baja económica.


Una de las medidas que se proponen para mejorar las condiciones en la participación en concursos sería cambiar el sistema de procedimiento único y abierto, por uno en dos fases en el que existiera una primera donde los equipos se seleccionarían mediante currículum o exigencias específicas, dejando para una segunda fase un número limitado de equipos que obtendrían una remuneración por el hecho de participar. ¿Qué opinión tiene al respecto? ¿en qué medida cree que puede afectarle a los jóvenes arquitectos?


FM. Este sistema tiene sus ventajas en la medida en que, al menos, puede haber una retribución para los gastos, pero como bien dices, supone algo negativo en el caso de las posibilidades que se ofrecen a los arquitectos jóvenes que no pueden presentar su propuesta, obligando así a establecer fronteras a las legítimas oportunidades que estos merecen y que, como ya hemos dicho antes, tan importantes son para garantizar una renovación y una vitalidad a la arquitectura producida. Se esgrimen en ocasiones ‘miedos’ a la inexperiencia. Me inclino por un sistema mixto en el que pudieran funcionar cuotas obligando por ejemplo a que en estos concursos al menos un porcentaje fuera ocupado por estos arquitectos jóvenes cuyas exigencias de curriculum podían ser distintas. O también hacia un sistema en el que este tipo de concursos, planteados más especialmente, coexistieran con los concursos libres. En países como Francia creo que se ha obtenido un sistema bastante equilibrado. Es fácil mirar y ver cómo se hacen en otros sitios.


¿Qué medidas cree que se pueden adoptar de cara a promover la transparencia en el proceso de los concursos de arquitectura?


FM. La primera y más fundamental es la elección de jurados con criterio y calidad arquitectónica. La segunda es fomentar la publicación y exposiciones de los proyectos. Este no suele ser muy frecuente por problemas económicos, pero hoy en día existen las web y cosas así que pueden ser muy útiles.


Ese proceso no finaliza con la obtención del primer premio. Sucede en muchos casos que la obra ni llega a ejecutarse, e incluso a veces no hay retribución económica para el arquitecto por los trabajos de redacción desarrollados; menospreciando así su trabajo y su tiempo ¿de qué manera cree que podemos hacerle frente a ese trato abusivo recibido por parte de algunas administraciones?


FM. Desde luego, o se trata de una respuesta común, o no hay nada que hacer. Pero claro, esa postura común es casi imposible. Por lo tanto, no queda otro remedio para resolver toda esta cuestión de los concursos que intentar cambiar las reglas de juego a las que nos sometemos, cambiando por tanto la ley que rige esta ‘desvergüenza’ (y perdonen que sea tan ‘excesivo’) Es fundamental intentar buscar aliados en las Administraciones Públicas para poder explicar nuestra postura e intentar cambiar la regulación que hace posible esta situación. El único interlocutor válido en este momento es el Consejo Superior de Arquitectos de España y me consta que su presidente, Jordi Ludevid, que ha sido muy claro al respecto denunciando la situación, está iniciando este proceso. Es la única manera de desmontar esta falta de respeto que es lo que hoy significan en general los concursos.