CLAVES PARA LA REHABILITACIÓN ENERGÉTICA DE EDIFICIOS


Entendemos la rehabilitación energética como uno más de los planos de actuación que, perfectamente integrados, permiten la recuperación de los recursos materiales, sociales, funcionales, energéticos, operativos y económicos que, a su vez, son la esencia de la rehabilitación de un edificio.

 

Rehabilitar es identificar y rescatar los recursos existentes, degradados, obsoletos o desperdiciados, y desarrollar su potencial, poniéndolos en juego de forma operativa en los edificios, para resolver, en el mejor equilibrio entre medios y resultados, los aspectos fundamentales de calidad, confort, operatividad y rentabilidad. El plano energético es sin duda un aspecto esencial de esta actitud integradora en la rehabilitación, su resolución específica en cada contexto tiene implicaciones muy importantes para la viabilidad de todo el sistema.

 

El objetivo para el año 2020 es conseguir un ahorro del 27% en el sector residencial a base de medidas que resuelvan el ahorro de energía, la mejora de eficiencia en los sistemas y el aumento de las energías renovables. El objetivo es orientar las acciones hacia la habilitación de edificios de consumo de energía casi nulo o incluso a edificios pasivos.

 

Teniendo en cuenta que existen cerca de 15 millones de viviendas en España, y que el consumo de estas unidades residenciales y edificios oscila entre 100 y 350 Kwh/m2 año, se estima que, susceptibles de ser rehabilitadas para mejorar su eficiencia energética, pueden alcanzarse con actuaciones de rehabilitación ahorros energéticos entre 100 y 150 Kwh/m2 año, lo que constituye una enorme oportunidad para logra confort, mejora de la calidad ambiental de la edificación y un rendimiento económico tan significativo que convierte a la rehabilitación en una fuente inagotable de recursos primarios esenciales, energía, agua y dinero.

 
Para abordar la rehabilitación energética de forma integral y efectiva, el profesional, o mejor, el equipo multidisciplinar, deben enfocar su actuación y definir sus estrategias, no solo a la resolución de fase de ejecución y construcción, sino también orientándola a lograr la máxima utilidad, el máximo factor de rendimiento y el mínimo impacto de todos los recursos incorporados a los edificios a lo largo de un ciclo de vida que se proyecta en el tiempo. Ciclo de vida y tiempo implican la necesidad de definir estrategias, de incorporar la adecuación al cambio y la flexibilidad a las cualidades de un edificio rehabilitado. Quien rehabilita debe actuar considerando al edificio no como un producto, sino como un servicio que debe cumplir con prestaciones específicas y variables a lo largo del tiempo.

  
Si centramos nuestro enfoque en la rehabilitación energética, desde la óptica de la intervención en el medio donde se produce la transformación y aplicación de la energía, debemos tener en cuenta tres recursos fundamentales que deben ser gestionados adecuadamente para garantizar la eficiencia:

 

• La energía, como recurso que ni se crea ni se destruye, sino que se transforma; siendo el edificio el medio que determina la eficiencia en su transformación. Energía procedente de fuentes renovables, bioclimáticas, residuales del sistema, primaria.

 
• El agua, no solo como recurso material sino como recurso energético, cuyo movimiento y distribución implican el consumo de energía, y cuya energía térmica puede ser recuperada y aprovechada.

 
• La información, valiosísimo recurso, ampliamente desperdiciado, cuyo aprovechamiento permite optimizar los procesos de gestión de la energía en los edificios e implementar las estrategias dinámicas de aprovechamiento energético que les permiten comportarse como sistemas eficientes y sostenibles.

 

Toma de datos

 

El primer paso fundamental consiste en recoger, con una visión analítica y a la vez sistémica del campo de datos de interés, toda la información posible sobre el edificio y su contexto, para poder establecer cuáles son las oportunidades de incorporar energía de distintas fuentes, de transformarla adecuadamente y de incorporarla al ciclo de demanda energética que va a tener el edificio en régimen de uso.

 
Esta acción de recogida de información, interpretación e identificación de oportunidades, definición de estrategias, y prescripción de acciones y medidas de actuación, permite desarrollar estrategias y llevar a cabo acciones integrales de rehabilitación, teniendo en cuenta que implicarán decisiones sobre acciones de rehabilitación futuras, parciales o totales, que forman parte del ciclo de vida de los edificios y son determinantes para evitar la obsolescencia y prolongar la viabilidad y rentabilidad de su operación.

 

La información recogida, en primer lugar, será la relativa al edificio y sus condiciones, realizando una medición de las pérdidas (de aire, agua, de materia), analizando cada elemento fundamental, la envolvente (cerramiento vertical, cubierta, suelo), el tratamiento de aire, la gestión del agua, el aislamiento, la climatización, la distribución de energía, etc., y siendo capaces de identificar y cuantificar las oportunidades existentes que debemos aprovechar y que nos ofrecen el suelo, el clima o microclima, el entorno construido, la estructura urbana o la interacción con otros edificios.

 
En segundo lugar, debemos incluir en el proyecto de rehabilitación las determinaciones sobre la información que deberá ir recogiendo y gestionando el edificio en uso, una vez hayamos intervenido para rehabilitarlo, para poder tomar estrategias de funcionamiento y tener escenarios de máximo confort con el mínimo consumo. Una rehabilitación general y en particular energética, incluyendo, energía, agua e información.

 

Frecuentemente encontraremos insuficiente aislamiento térmico en cerramientos verticales y cubiertas, insuficiente aislamiento y estanqueidad en los huecos, una deficiente resolución de los encuentros, ganancias o pérdidas solares indeseadas, captación de radiación incontrolada, ineficiencia en las instalaciones de transformación, distribución y almacenamiento de energía, obsolescencia de los sistemas, consumo y contaminación del agua, consumos elevados de calefacción, falta de monitorización y carencia de control, etc

 

Oportunidades de mejora y ahorro


Resolver todas estas carencias, que por otro lado no son sino oportunidades claras de mejora y ahorro, requiere tomar decisiones en una serie de escalones en la intervención, sistemas materiales de la envolvente (fachadas, cubiertas y suelos), sistemas de aislamiento, elementos de control solar, elementos en contacto con zonas no afectadas, elementos en contacto con el terreno, sistemas anti-radiación y sistemas anti-conducción (aislamiento) , sistema de cubrición, juntas de estanqueidad, vidrios, elementos transformadores de la energía solar, tenida en cuenta su componente de iluminación y su componente de radiación solar; la integración de sistemas  de control, sistemas de distribución y difusión, la interacción con la operación y el mantenimiento.

 

Recogida la información y tomadas las decisiones fundamentales, el integrador o rehabilitador debe llevar a cabo la selección de sistemas, subsistemas, componentes y materiales en la edificación, incluyendo también en el proceso de selección consideraciones sobre el impacto en el ciclo de vida (ACV) de los sistemas, componentes y materiales seleccionados, y los factores de impacto recogidos en las declaraciones de impacto ambiental de cada producto (EPD).

 

Por poner como ejemplo un sistema fundamental, la eficiencia de la envolvente dependerá del grado de integración del sistema y del equilibrio entre sus componentes. El valor del sistema no lo determina el mejor de sus componentes, sino el peor. El integrador, por lo tanto, determina las prestaciones, el mantenimiento futuro y su coste, el impacto del edificio, su flexibilidad para una intervención parcial o total posterior, los posibles cambios de uso y su eficiencia energética (se estima, en términos generales, que un 20% de esa eficiencia está relacionado con el consumo de recursos durante su construcción y el 80% con los que consume a lo largo de su ciclo de vida).

 
De los 15 millones de viviendas españolas, un muy alto porcentaje se tendrán que rehabilitar por el exterior, afectando lo menos posible a su operación y uso; por ello, al abordar una rehabilitación centrada en el sistema envolvente se debe considerar que ésta actúa como un sistema permeable y reactivo, que gestiona las trasferencias bidireccionales y la transformación de los recursos básicos que entran y salen del edificio, energía, aire, luz, sonido, información y, a la vez, que una actuación integral por el exterior es un caso paradigmático en cuanto a prolongación de la vida útil de un edificio, que ofrece grandes oportunidades, y en la que podemos cifrar en un 40% ó 50% el potencial de ahorro combinado, al actuar sobre todos estos factores.

 
Conclusiones esenciales


Como sumario de conclusiones esenciales podríamos considerar:
• No debemos perder la visión sistémica e integral, la escala, debemos recordar que actuamos en contextos urbanos complejos, la rehabilitación energética no puede pretender simplemente crear oportunidades de negocio para ser efectiva, necesita estrategias avanzadas y de integración multidisciplinar para que consiga resultados.

 

• Debemos aportar soluciones rentables, sin pretender inversiones desproporcionadas para el problema al que nos enfrentamos, ni seguir modelos que no son realmente nuestros, ni de nuestros edificios, ni de nuestro clima.

 
• Es necesario contemplar el edificio como un dispositivo que interacciona con el hombre y que en esa interacción modifica su configuración, y un enfoque orientado al ciclo de vida que incluya los estudios de impacto de los materiales, de los sistemas y de los edificios.

 
• El sector de la construcción necesita que se produzcan más sistemas integrados, con materiales compatibles, orientados al rendimiento y prestaciones que debe ofrecer el edificio a lo largo del tiempo.

 

• Es imprescindible la integración de sistemas de control e información que permitan al edificio funcionar como una máquina termodinámica que debe captar, almacenar y evacuar el calor, verificando el confort del usuario y permitiendo la optimización de la eficiencia en la transformación energética.

 

• Una acción elemental para lograr la eficiencia en la rehabilitación consiste en alentar una política de operación mantenimiento orientados a la eficiencia de los edificios rehabilitados, favoreciendo su sostenibilidad, incluyendo proceso continuo de educación energética de las personas, usuarios, operadores, mantenedores, explotadores, que les permita interactuar de manera eficiente con el edificio para hacer posible el máximo rendimiento y sostenibilidad.

 

 

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